La matanza

Hace unos cuantos años, las amas de casa no podían ir, casi todos los días , a comprar a la carnicería, como lo hacen muchas ahora.

España había sufrido una guerra civil y tardó bastante tiempo en mejorar su situación económica.

Los vecinos de Peraleja se alimentaban de las cosechas del campo y los productos que obtenían de unas cuantas gallinas, ovejas y cabras que criaban en casa.

La carne de estos animales no la comían diariamente. Solamente de vez en cuando.

En todas las casas, al llegar el invierno, mataban un cochino y los que eran más pudientes alguno más.

Del cerdo no desperdiciaban nada y además lo repartían para todo el año, reservando lo mejor ( chorizos, lomos y costillas) para alimentar bien a los segadores y que aguantaran  la dura tarea de la siega.

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Unos días antes de la matanza, empezaban con los preparativos: compraban cebollas, alcaravea, canela, orégano etc ( para las morcillas) Para los chorizos, preparaban buen pimentón, ajos, vino blanco …

La cebolla la picaban y la cocían.

Ya el día de la matanza, a primera hora, se presentaba toda la familia, pues a toda se la invitaba. Los hombres cogían el animal, y sobre una mesa lo mataban. Alguien, con un barreño, iba cogiendo la sangre, a la que tenía que dar vueltas, para que siguiera líquida y poder mezclarla con la cebolla, para las morcillas.

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Después, colocaban el cerdo en el suelo, y con haces de la paja de los cereales, iban quemándole la piel, con la finalidad de quitarle los pelos. A continuación, con tapas de pucheros ( corbeteras) y otras cosa, raspaban el cuerpo del animal, para quitar lo sucio y lo quemado.

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Se colgaban los cerdos, para que se oreasen.

Unas mujeres, empezaban a preparar la comida, que consistía en gachas ( con hígado) y carne frita. Otras empezaban a separar y lavar las tripas. Una abría la tripa y otra echaba agua caliente, hasta que estaban límpias. Esta tarea, era muy desagradable, porque olían muy mal, se pasaba mucho frío en la calle, haciendo esa faena y algunas veces salían de ellas unas lombrices muy grandes.

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Después de comer, los hombres descuartizaban el cerdo y separaban sus partes.

Los chicos, se iban a las eras, a freír patatas, y si la vejiga no se necesitaba, para guardar manteca, la inflaban y jugaban con ella.

Se hacían y cocían las morcillas, embutían los chorizos y preparaban la cena, consistente en unas judías con partes del cerdo.

Terminadas la mayoría de las faenas, llegaba el momento de trasnochar juntos.  Unas horas muy agradables.

La mayoría de mi numerosa familia, nos habíamos ido a vivir a Madrid o Cuenca. En el pueblo quedaban muy pocos, y a esos pocos, en la matanza les comíamos medio cerdo, por lo tanto, decidimos comprar, entre todos unos cochinos y disfrutar de matanza, los días de Noche Vieja. Aquellos eran tres o cuatro días maravillosos, que pasábamos toda la familia junta , no era ningún trabajo picar o cocer cebollas, hacer morcillas o chorizos, porque a la vez jugábamos, decíamos chistes etc, etc..

Tengo un recuerdo muy agradable de las rondas que hacíamos, después de cenar. Cantábamos y tocábamos, pidiendo el aguinaldo y al llegar a la casa de Alejandro, el pregonero, le pedíamos que nos echara el primer pregón del año. Y lo hacía.

Las fotografías corresponden a la matanza de las Navidades de 1980-1981.

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