Libros parroquiales de La Peraleja

En todas las parroquias, por supuesto también en la de La Peraleja, hay una serie de libros donde se registran los actos fundamentales que acontecen a los miembros de su comunidad cristiana: bautismos, bodas, defunciones, etc. El párroco, además de celebrar la eucaristía y los demás sacramentos, tiene entre otras obligaciones la de registrar documentalmente dichos actos y de custodiar los libros en los que quedan registrados.

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La Iglesia comenzó a tomar nota de los bautismos en el siglo V; más tarde, abandonó esa práctica. Algunas parroquias reiniciaron el registro en el siglo XV; otras en el XVI, antes o a partir del Concilio de Trento (1545-1563), cuando el Vaticano impuso la obligación a los párrocos de la confección y custodia de los documentos que dieran fe de los actos cristianos que se desarrollaran en su jurisdicción.

Los archivos parroquiales tienen una importancia fundamental en el campo de la Historia. Gracias a ellos podemos conocer la población de las diferentes localidades en un tiempo determinado de su pasado, su evolución, sus vivencias, alegrías y desgracias de su población, etc. Adquieren más importancia los libros documentales anteriores al siglo XIX puesto que, en esas fechas, todavía no existía el Registro Civil.

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Sin más preámbulo pasamos a relatar lo relacionado con La Peraleja, en este tema. En 1993 falleció mi padre. El párroco ofició una misa de corpore in sepulto y se le enterró en el cementerio de dicha localidad. Al finalizar el acto me presenté en la casa parroquial con objeto de abonar sus honorarios al sacerdote. Mantuvimos un agradable y fructífero coloquio. Me interesé por los libros de registro y al constatar que únicamente disponía de los dos últimos de bautismo, igualmente de los de matrimonio y defunciones, quise saber el paradero de todos los anteriores. Con suma amabilidad me informó de las repercusiones de la Guerra Civil en este tema; de la acertada decisión del Obispado de Cuenca que, en 1936, ordenó recoger los documentos existentes en las parroquias y depositarlos en el Archivo Diocesano. Gracias a esta circunstancia se salvaron de ser destruidos en los incendios que se produjeron en diversas iglesias, una de ellas la de La Peraleja, por la barbarie de unos cuantos fanáticos intransigentes.

Las vacaciones, por regla general, las pasaba en Cuenca. Con frecuencia me gustaba pasear, por la mañana, por la parte alta de la ciudad. Un día que estaba admirando su catedral me acordé de la conversación con el párroco y me acerqué al Archivo Diocesano. Me presenté al señor archivero como historiador-investigador, natural de La Peraleja y, con suma amabilidad me dio toda clase de facilidades. Para que pudiera iniciar mi investigación me facilitó una ficha con los datos que aparecen en la tabla de la derecha.

Acta de reunión de la Asociación Amigos de la Peraleja

Parroquia de San Miguel (La Peraleja)

  Libros Fechas tope Conservación
Cuentas parroquiales 3 1648-1900 Buena
Libros de bautismo 7 1546-1875 Buena
Libros de matrimonio 4 1564-1876 Buena
Libros de defunción 6 1586-1875 Mediano
“De statu animarum” 3 1639-1746 Buena
Capellanias y fundaciones 5 1551-1833 ?
Cofradias: Santa Ana 2 1693 ?
Cofradias: Vera Cruz 3 1636-1862 Mediano
Cofradias: Ntra. Sra. Del Rosario 2 1637-1708 Buena
Cofradias: Ntra. Sra. Del Monte 3 1636-1693 ?
Stsmo. Sacramento 1 1750 Buena
Libros impresos 6 Regular
Nulli 1 1545 Buena
Santa Bárbara 1 1572 Regular

Comencé la investigación solicitando al archivero el libro 1º de bautismos. Aunque consta en la ficha inicial que su estado de conservación es bueno, los primeros folios están muy deteriorados e incluso faltan diez. El primer registro, por tanto, lo encontramos en el folio 11; se trata de un niño al que pusieron el nombre de Miguel. Bautizado el 1º de octubre de 1546. Era hijo de Pascual Moreno y, por extraño que nos parezca, no figura el nombre de la madre.  Si consta el compadre mayor: Francisco Rodríguez. Estuvieron acompañados por … (roto) y Juan Rodríguez y “comadre mayor la de Juan de la Toba”. Está firmado el documento por el clérigo Francisco de la Oliva.

El segundo registro que consta es el de una niña –Juana-, bautizada el domingo día 2 de octubre de 1546, hija de Pedro el rroyo (sic). Tampoco figura la madre. Fue su compadre mayor Pedro de Santa Cruz. Le acompañan: comadre mayor, la de Juan de  Ramos, la de Juan Vicente el Mozo y la de Miguel Palenciano. Da fe del acto el mismo sacerdote, Francisco de la Oliva.

El tercer registro corresponde a otra niña, a la que se le puso por nombre Catalina. Al cuarto se le puso Pedro; luego vendrán: Juan, Andrés, Martín, Francisco, Vicente, Luis, Bartolomé, Diego, Julián, Matías, Manuel,…; y con respecto a las niñas, Cecilia, Ana, Quiteria, Isabel, Catalina,… En cuanto a los apellidos, además de los mencionados anteriormente (Moreno, Royo, Palenciano, Oliva), en el mismo 1546 aparecen: Ramos, Las Heras, Hernández, Padilla; en 1567, Martínez, Olmo, Vicente; en 1568, Parrilla, Jarabo, en 1590, Conde, … Algunos, como podemos comprobar, no constan en la actualidad; otros, la mayoría, han llegado hasta nuestros días.

Largo periodo de tiempo debió permanecer de párroco de La Peraleja el clérigo mencionado, Francisco de la Oliva; si bien, el 13 de noviembre de 1557 bautizaba por primera vez en el pueblo D. Juan Sánchez, sacerdote que alternaba con el anterior. Igualmente, a partir de 1566, compartirá el sacerdocio o al menos las tareas del bautismo con don Miguel Redondo. A partir de 1574 aparece como único párroco don Damián López. En 1586 sustituye al anterior el sacerdote don Miguel de Oliva. Por último, quiero destacar una frase encontrada en un registro de 1624: “yo, el maestro Juan Serrano, cura propio de la dicha villa”, es decir de La Peraleja. ¿Era sacerdote y maestro?, ¿Ejercía las dos profesiones?, ¿Era una escuela parroquial?,…

En 1562 ya figura en el registro del bautizado: “… hijo de fulano y de su legítima esposa fulana” (folio 48, libro 1º). Con objeto de unificar todos los registros, el Obispado de Cuenca, en febrero de 1580, ordenaba “al Rvdo. Cura y a su lugarteniente” guardaran el orden siguiente en escribir los bautismos,” sopena de dos ducados” de sanción, para la fábrica de la iglesia: “En tantos de tal mes y de tal año, yo fulano, cura, bauticé un hijo de fulano y fulana su mujer. Púsole nombre … Fue su padrino fulano y su madrina fulana. Testigos, padrinos y madrinas (Libro 2º, folio 6). Considero muy curioso lo de la multa y la fecha; Mª Luz Rokiski Lázaro, en su obra Arquitecctura del siglo XVI en Cuenca, nos cuenta que la iglesia de La Peraleja era de dos naves y su origen era el de una nave, que se ampliaba a dos cuando aumentaba la población; pues bien, precisamente cita ese año cuando está en obras y nos habla de un tal Joanes de Iñarga como arquitecto o director de las mismas. En la actualidad tiene tres naves. ¿La ampliación era de una a dos o de dos a tres? Lo ignoro.

Los mellizos figuraban juntos en el registro de bautismo.

No era preceptivo anotar la fecha de nacimiento; sin embargo, a partir de 1611, figura, al margen del registro de alguno de los bautizados, dicha fecha.

En los libros de bautizo también están registradas las Confirmaciones; así consta, en el folio 16 del libro 1º, que el 3 de mayo de 1549 “confirmó el M.I.Rvdo. D. Miguel Muñoz, obispo de Cuenca, Presidente de la Chancillería de Valladolid”. Pasaron muchos años -22 exactamente- para que volviera haber una nueva Confirmación en La Peraleja; el viernes 27 de abril de 1571 Fray Bernardo de Fresneda, obispo de Cuenca, comisionó al doctor en Teología y obispo de Fez don Francisco Mexía de Molina, para que en su nombre oficiara la Confirmación. Aparece una larga relación de confirmados, en los folios 73, 74, 75 y 76 del mencionado libro primero.

Catorce años después, el 27 de diciembre de 1585, el obispo de Cuenca, Gómez Zapata confirmó en la parroquia de San Miguel a 358 personas de La Peraleja y a 52 vecinos de Bonilla. La relación de todos figura en el libro 2º, folios 35 a 44 ambos inclusive. Otras fechas de confirmación que figuran en el libro 2º son:

  • El 30 de junio de 1590 el obispo limericense, “en el reino de Irlanda”, don Cornelio Buyll, por designación del obispo de Cuenca don Juan Fernández Vadillo, confirmo a más de cien personas (aparece relación en los folios 60 al 63).
  • El 14 de junio de 1592, el mismo don Cornelio, confirmó a unos 50 peralejeros más (folio 70).
  • Ya en el siguiente siglo, el 10 de mayo de 1609, se confirmaron otras 150 personas (folios 117 a 119).
  • El 14 de junio de 1619 el obispo de Cuenca, don Andrés ¿…?, volvió a confirmar aproximadamente a otros 150 (folios 165 a 167).
  • El 9 de mayo de 1625 volvieron a celebrar este sacramento en La Peraleja (folios 185-186).
  • La última reseña de confirmación que aparece en este libro 2º corresponde al año 1633 y la relación nominal aparece en el folio 210).

Veamos, a continuación,  el número de bautizados que constan en los dos primeros libros mencionados, para poder extraer de esos datos algunas consecuencias.

B A U T I S M O S L I B R O I

Años Bautizados Observaciones
1546 5 Incompleto
1546-47 5 Incompleto
1547 18 ¿incompleto?
1547-48 13 ¿incompleto?
1548 4 ¿incompleto?
1549 11  Incompleto. Faltan folios 17 a 21
1550 7 Incompleto. Primer registro el 18 de agosto
1551 19
1552 24
1553 18
1554 30
1555 Faltan folios 31 a 40
1556 25 Incompleto
1557 19 Incompleto
1558 20
1559 25
1560 9 Incompleto. Faltan folios 44 y 45
1561
1562 52 Debe incluir a niños del 61 que estaban sin bautizar
1563 20
1564 30
1565 28
1566 37
1567 27 En el quincenio 1565-69 suman 155. media anual 31
1568 30
1569 33
1570 28
1571 32
1572 25 En el quincenio 1570-74 suman 155. Media anual 31
1573 35
1574 35
1575 18 Incompleto

Consta en este libro 1º: “DIO FIN AÑO 1579”. Deben faltar muchos folios del final del libro. No figura ningún registro de los años 1576, 1577, 1578. Solamente hay 90 folios cuando el libro 2º tiene 210.

Antes de pasar a analizar los datos que nos facilitan esos dos libros de registro de bautismos, considero conveniente incluir una breve reseña acerca de la población española en los siglos XVI y XVII puesto que, aunque La Peraleja sea una pequeñísima parte del conjunto nacional, los acontecimientos generales influyen en la localidad; además, conocer bien el tema de la población, es fundamental para comprender los fenómenos económicos, culturales o sociales.

La Demografía es una ciencia relativamente moderna, con raíces poco profundas. Las cifras que manejamos para toda España, de los dos siglos mencionados anteriormente, son escasas y poco fiables; se trata de simples estimaciones historiográficas, susceptibles de revisiones periódicas, que nos marcan tendencias de aumento o disminución. Cuanto más antiguos y más completos sean los datos disponibles adquieren mayor valor. Como ya dijimos, al principio de este trabajo, los archivos parroquiales son una fuente de primer orden en todo lo relacionado con el tema demográfico.

Sabemos que el siglo XVI fue, en su conjunto, de ascenso poblacional, sobre todo en sus decenios centrales. De 1525 a 1565, con tasas de natalidad muy altas (entre 35 y 40 por mil) fue posible una etapa de fuerte crecimiento, a pesar de las catástrofes naturales y humanas; pero, no debemos olvidar, hubo periodos de considerable retroceso. Las principales causas de descenso de población fueron: la emigración a América; las guerras de religión, de Lepanto, la Armada Invencible; pero, sobre todas ellas, el hambre y las epidemias que marcaron las épocas de excepcional mortalidad.

Con respecto al siglo XVII debemos señalar que contó con avatares demográficos más dramáticos: continuó la emigración a América y del campo a la ciudad; se expulsaron a los moriscos (en Castilla la Nueva en 1609-10); bajó considerablemente la tasa de natalidad, por la difícil situación económica y por el aumento del clero; pero, sobre todo, por las epidemias que fueron más mortíferas y más generales que en la centuria anterior. España contaba con ocho millones de habitantes, al finalizar el XVI; en la primera mitad del XVII perdió aproximadamente un millón de personas, para recuperarse un poco en la segunda mitad y alcanzar, en 1700, unos siete millones y medio de españoles.

B A U T I S M O S L I B R O II

Años Bautizados Observaciones
1579 6 Incompleto. Registra el bautizo 1º el 30 de agosto, En el folio nº 5 faltan los cuatro primeros.
1580 25
1581 36
1582 37 El quinquenio 1580-84 suma 163. Media anual: 32,6.
1583 29
1584 36
1585 35
1586 31
1587 35  El quinquenio 1585-89 suma 162. Media anual: 32,4.
1588 29
1589 32
1590 30
1591 31
1592 20 El quinquenio 1590-94 suma 141. Media anual: 28,2.
1593 29
1594 31
1595 24
1596 24
1597 22 El quinquenio 1595-99 suma 115. Media anual: 23.
1598 18
1599 27
1600 29
1601 20
1602 24 El quinquenio 1600-04 suma 125. Media anual: 25.
1603 27
1604 25
1605 30
1606 28
1607 15 El quinquenio 1605-09 suma 120. Media anual: 24.
1608 27
1609 20
1610 23
1611 27
1612 21  El quinquenio 1610-14 suma 111. Media anual: 22,2.
1613 22
1614 16
1615 27
1616 25
1617 24 El quinquenio 1615-19 suma 124. Media anual: 24,8.
1618 31
1619 17
1620 19
1621 23
1622 24 El quinquenio 1620-24 suma 107. Media anual: 21,4.
1623 12
1624 29
1625 18
1626 20
1627 20  El quinquenio 1625-29 suma 102. Media anual: 20,4.
1628 21
1629 23
1630 16
1631 23
1632 20
1633 16 Incompleto por fin libro 2º. Continúa en el libro 3º.

De todas las causas de descenso brusco de población que hemos mencionado, las peores fueron el hambre y las epidemias. España tenía mayoritariamente una población rural, donde su economía dependía en gran medida de la agricultura y la ganadería. En casi todos los decenios había un año o dos de pésimas cosechas, el problema se agudizaba si eran consecutivos. El hambre atacaba preferentemente a las clases más humildes pero, por contagio, no estaban exentas las clases medias e incluso las altas. Tras el hambre venían las epidemias. Inundaciones o sequias se alternaban para arruinar la vida de los campesinos. Exceso de humedad e inundaciones, en el siglo XVI, hubo en 1543-44,  1554, 1557, de 1573 a 1576,…; sonadas sequías fueron las de 1541-42, 1556, de 1561 a 1566,… Tras la pérdida de la cosecha venía la carestía de vida, el hambre y la muerte. La corta cosecha de 1556 y 1557 fue la causa de la peste general de 1557-58; más terrible fue el hambre en 1563 y degeneró en la peste de 1565-66 (iniciada en Andalucía y extendida por las dos Castillas, Aragón,…). Mucha hambre también pasaron los españoles en 1573-74. Sabemos igualmente que en 1580 la peste hizo estragos en Castilla. En los últimos años del siglo XVI se perdieron las cosechas y, tras el paso del hambre, llegó la epidemia (1597-1601), catástrofe que no perdonó ningún rincón de España; hizo su aparición, en esta ocasión, por los puertos del norte y despiadadamente se fue desplazando hacia el sur. En esta última epidemia falleció probablemente más de medio millón de personas lo que equivalía a un 15 por ciento del incremento de población del XVI y abrió la nueva etapa del declive demográfico. Los años 1614 a 1632 por lo general también fueron malos e incidieron por tanto en esa pérdida del millón de habitantes en la primera mitad del XVII. Auténticas catástrofes hubo igualmente de 1647 a 1651 y entre 1676 y 1684; pero estas ya están fuera de los límites cronológicos de los libros de bautismo que queremos analizar.

Ante tanta desgracia la persuasión general de la gente era la de estar ante un castigo divino; por ello, se crearon multitud de fundaciones piadosas y se multiplicaron las rogativas (para que lloviera o dejara de llover) y las penitencias.

Quiero añadir una nota positiva, aunque sea fuera de contexto, para evitar posibles depresiones ante tanta catástrofe. Ese final de siglo XVI y principios del XVII es la época más espléndida de nuestro famoso SIGLO DE ORO; son fechas en las que están conviviendo los principales personajes de la Literatura y del Arte: Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Francisco de Rioja, Mateo Alemán, Vicente Espinel, Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón, Calderón, Velázquez, Murillo, Zurbarán, Martínez Montañés, etc.

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Dejemos ya lo general para centrarnos en el mejor conocimiento de la población de La Peraleja. No me consta, en primer lugar, que influyera en nuestro pueblo la emigración a América; he tenido especial curiosidad por seguir la pista de los “pasajeros a Indias” y no he encontrado ningún paisano que, durante esos siglos, cruzaran el Atlántico. Tampoco debió tener gran importancia la expulsión de los moriscos; en Castilla la Nueva su número era escaso y por tanto no debieron salir del pueblo más allá de alguna familia de conversos. En el caso de las guerras su influencia, igualmente considero, fue escasa; casi todas ellas fueron en el exterior, normalmente con mercenarios pagados por la Corona. Sí tuvieron mucha incidencia el hambre y las epidemias. Con el análisis de los Libros de Defunción podríamos ver este tema con más nitidez, pero, en los de Bautismo, también se refleja con una bajada considerable de los nacimientos. Debemos tener en cuenta que bautizados no es igual que nacidos; en los libros me parece que sólo se registraban los que estaban vivos al tercer día de su nacimiento y, desgraciadamente, como consecuencia de una alta tasa de mortalidad infantil, muchos fallecían antes de esa fecha.

De los primeros años de registro pocas consecuencias podemos extraer al estar incompleta la información; pero, debo confesar, sentí gran curiosidad por conocer el nombre de aquellos niños, nuestros paisanos, que habitaron en Peraleja, a mediados del siglo XVI, sus apellidos, el nombre de los sacerdotes, igualmente el de los obispos de la Diócesis de Cuenca, relaciones de Confirmación, etc.

A partir de 1562 ya tenemos relaciones anuales completas, aunque con excepciones por extravío de folios, y podemos obtener bastante información acerca de la población de La Peraleja en aquellos años. Observamos, por ejemplo, que entre 1564 y 1591 se bautizaron algo más de 30 niños por año; concretamente los años 1581 y 1582 recibieron este sacramento 36 y 37 niños respectivamente; si tenemos en cuenta que la tasa de natalidad estaba entre 35 y 40 por mil podemos afirmar que, efectivamente,  la población del municipio se aproximaba al millar de personas. Mª Luz Rokiski, en la obra mencionada con anterioridad dice que “en 1580 tenía doscientos vecinos”; si contamos que cada “vecino” o unidad familiar constaba de padres y una media de tres hijos, nos lleva a admitir que durante la 2ª mitad del siglo XVI en nuestro pueblo vivían alrededor de 1000 personas.

La epidemia de 1597-1601 sí que queda bien señalada en el registro de bautismos. Las medias anuales, de más de 30 bautizados por año, se reducen a 23 en el quinquenio 1595-99 y ya, con pequeñas oscilaciones, llegará incluso a descender a la media de poco más de 20 bautizados por año, en el quinquenio 1625-29. Con estos datos podemos afirmar que la población disminuyó considerablemente, tal vez incluso por debajo de los 800 habitantes. Supongo que a lo largo de la 2ª mitad del XVII hubo una lenta pero estimable recuperación como ocurrió en general en España; pero, para confirmar este dato, tendríamos que analizar el contenido del siguiente Libro, el 3º.

Una información más amplia y completa nos facilitaría el análisis de los Libros de Defunción y Matrimonio. Importante sería también penetrar en los contenidos de los tres Libros “De Statu Animarum”; es decir, del estado de las almas, libros reservados, sobre todo a los feligreses, por lo que están escritos en latín; en ellos, por indicación del obispo, los párrocos debían escribir todas aquellas incidencias que, para  bien o por mal, alteraran la vida normal del pueblo, sus alegrías y sus tristezas: buenas noticias, catástrofes, epidemias, etc. Seguramente quedan reflejadas en esos libros, entre otras muchas actividades, las Fiestas de la Patrona, con música y toros, los años de buenas cosechas; pero además y desgraciadamente con más frecuencia, las épocas de luto y dolor por pésimos acontecimientos.

Interesante sería también profundizar en el conocimiento de La Peraleja a través de sus cofradías; analizar los Libros de las mismas, de Santa Ana, la Vera Cruz, Nuestra Señora del Rosario o Nuestra Señora del Monte; ver su origen, composición, hermanos mayores, actividades, etc.

Como punto final quiero hacer constar que el conocimiento del pasado nos ayuda a comprender el presente y a poder proyectar mejor el futuro, el nuestro y el de la comunidad. Me agradaría que algún Amigo de La Peraleja siguiera mis cortos pasos, se adentrara en ese Archivo Diocesano y, junto con el estudio de los libros existentes en la Parroquia del pueblo, escribiera una Historia bastante completa de nuestra Villa, desde la época del rey Carlos I hasta nuestros días.

Ángel Huerta Martínez
Ángel Huerta Martínez
Nacido en La Peraleja (Cuenca) (22/05/1943). Maestro Nacional. Licenciado en Filosofía y Letras. Doctor en Historia. Profesor de Enseñanza Media (Jubilado). Residente en Espartinas (Sevilla)
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